Podemos tomar el ejemplo de la nación de Japón donde se estima que hasta un millón de jóvenes japoneses permanecen encerrados en sus casas, algunas veces durante décadas. ¿A qué se debe esto? Para Hide, los problemas surgieron cuando abandonó el colegio. 'Empecé a culparme, y mis padres también me responsabilizaron por no acudir a clase. Comenzó a crecer la presión', cuenta.
'Entonces, gradualmente, comencé a tenerle miedo a salir y a temer conocer a gente. Fue entonces cuando ya no pude salir de mi casa'. Poco a poco, Hide fue renunciando a todo tipo de comunicación con sus amigos y, eventualmente, sus padres. Para evitar verlos, dormía durante el día y se sentaba toda la noche a ver la televisión.
Lo que lleva a un chico a retirarse en su cuarto puede ser comparativamente leve -por ejemplo, notas bajas o corazón roto- pero el autoaislamiento puede convertirse en una fuente de trauma. Y poderosas fuerzas sociales pueden conspirar para mantenerlo allí.
Su enfoque es empezar con 'reorganizar' la relación del paciente con sus padres, armar a madres y padres desesperados con estrategias para reiniciar la comunicación con sus hijos. Cuando el paciente está lo suficientemente bien como para acudir a la clínica en persona, se le trata con fármacos y terapia.
La terapia de grupo es un concepto relativamente nuevo en la psicología japonesa, aunque los grupos de autoayuda se han convertido en una forma clave para atraer a un hikikomori a la sociedad. Tanto para Hide como para Matsu, la recuperación fue reforzada con una visita a un club juvenil de caridad en Tokio conocido como ibasho. Se trata de un lugar seguro para que los visitantes empiecen a reintroducirse en la sociedad. Los dos hombres han hecho progresos en la relación con sus padres. Matsu ha hecho entrevistas de trabajo como programador y Hide tiene un trabajo parcial, él piensa que el empezar a hablar con sus padres ha ayudado a que toda la familia pueda seguir adelante.

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